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Características de los padres sobreprotectores

 

hoy quiero dedicar esta entrada a los padres y madres que por un motivo u otro, sin querer, sin voluntad de hacer daño (todo lo contrario) se vuelven sobreprotectores. Hoy hablamos de las características más básicas de los padres sobreprotectores y reconocer si hay alguna o muchas en las que nos reconocemos.

Hay muchas formas de sobre-proteger pero hoy he colocado las más evidentes, las más habituales y las más comunes. Quizás todos los padres sobreprotegemos en  alguna ocasión, el problema deriva cuando es una práctica habitual y priva a los niños a poner en práctica sus habilidades y capacidades, o cuando necesitamos actuar así para sentirnos útiles e importantes o necesitamos tener el control sobre las vidas de nuestros hijos.

Por lo general un padre o madre se vuelve sobreprotector cuando

Evitan a sus hijos cualquier situación desagradable, difícil o resuelven por ellos sus problemas. Es un ejemplo de esta situación los padres que realizan los deberes escolares de sus hijos o los que intervienen cuando otro niño o niña “molesta” a su hijo en lugar de permitir que se defienda solo.

 Limitan o impiden que sus hijos exploren el mundo por sí mismos, privándoles de la oportunidad de aprender.

Tienen una alta tolerancia a multitud de demandas y exigencias que el niño muestra. Responden inmediatamente a sus demandas sin poner límite.

Limitan en exceso las demandas de independencia o autonomía. No les permiten salir a la calle porque hace excesivo frío o calor, eligen la ropa que se van a poner o los amigos con los que deben relacionarse.

Los padres sobreprotectores siguen haciéndolo todo cuando el niño está perfectamente capacitado para hacerlo solo:

  • le siguen dando de comer,
  • le siguen vistiendo y calzando o peinando,

Suelen contestar por el niño cuando otros adultos se dirigen a él, privándole de este modo que exprese su opinión o sus deseos.

Cuando sus hijos cometen algún error ellos los ignoran, tapan o justifican.

No permiten que su hijo o hija realice salidas con compañeros de su edad, aun teniendo la madurez suficiente para hacerlo.

Utilizan el miedo para tener el niño bajo su control. Es típico oírles decir “no subas ahí que te caerás y te harás mucho daño”, “si vas tú solo puede pasarte algo malo”,

Se sienten culpables cuando no ayudan a sus hijos a resolver sus problemas o dificultades, se sienten responsables de todo cuanto les ocurre, ya sea que se hayan caído en el parque o cogido un resfriado.

La sobreprotección se vuelve dañina porque no deja que los niños se desarrollen emocionalmente. La sobreprotección impide que nuestros hijos evolucionen socialmente a la vez que les priva de poder alcanzar la madurez suficiente para ser personas independientes y autónomas que se valgan por sí mismas al alcanzar la edad adulta. La sobreprotección produce sentimientos de inseguridad y de poca valía en los hijos que han estado educados bajo estas circunstancias. Como vemos, la sobreprotección puede manifestarse de múltiples formas y ser causada por muchos motivos.

Sea cual sea el motivo que nos vuelve sobreprotectores debemos conocer sus posibles consecuencias y evitar en la medida que nos sea posible conducirnos de este modo. Debemos fomentar la autonomía y la independencia, intentando educar desde la libertad y en la responsabilidad de las acciones que realizamos día a día enseñando las consecuencias (positivas y negativas) que tienen nuestros comportamientos.

Cuando educamos con sobreprotección estamos creando personas:

  1. inseguras,
  2. dependientes,
  3. faltas de autonomía,
  4. vulnerables,
  5. temerosas (con un gran miedo a lo desconocido),
  6. con una baja autoestima,
  7. intolerantes a la frustración,
  8. impulsivas,
  9. inmaduras,
  10. incapaces de terminar cualquier tarea que requiera un esfuerzo, ya que buscan la gratificación inmediata,
  11. incapaces de responsabilizarse de sus actos,
  12. buscan siempre a quien culpar de sus fracasos,
  13. propensos a dejarse llevar por las malas compañías y
  14. a caer en adicciones.

En definitiva, estaremos criando a futuras personas con escasas o nulas habilidades socioemocionales. Y lejos de privarles de sufrimientos les estaríamos proporcionando justo eso, una vida llena de obstáculos para la que no están preparados para saltar.

 

 

 

 

Adoración Navarro

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