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El mutismo selectivo

El mutismo selectivo es un trastorno de ansiedad infantil caracterizado por la incapacidad de un niño/a para hablar y comunicarse eficazmente en escenarios sociales específicos, como la escuela. Estos niños son capaces de hablar y comunicarse en entornos donde se sientan cómodos, seguros y relajados.

No todos los niños manifiestan su ansiedad de la misma manera. Algunos pueden estar completamente mudos en un entorno social, otros pueden ser capaces de hablar con unas pocas personas o quizás susurrar.

Pueden congelarse, ser inexpresivos, sin emociones y estar socialmente aislados. Los niños menos gravemente afectados pueden parecer relajados y despreocupados, y son capaces de socializar con uno o pocos niños, pero son incapaces de hablar y comunicarse efectivamente con los maestros o con la mayoría de compañeros.

Características del mutismo selectivo. Las capacidades lingüísticas están en su mayoría conservadas, y no se presenta como consecuencia de un trastorno de la comunicación (por ejemplo, los trastornos generalizados del desarrollo o tartamudez). Asimismo, no aparece exclusivamente durante el curso de un trastorno mental, como la esquizofrenia u otro trastorno psicótico.

La característica esencial del mutismo selectivo es la inhibición persistente del habla en situaciones sociales específicas, presentándose generalmente en los primeros años de vida y muy a menudo dándose de forma evidente una vez que el niño/a alcanza la edad en que empieza a interactuar socialmente fuera del entorno familiar, como durante la primera etapa de escolaridad infantil.

La mayoría de la población infantil que presenta este trastorno tiene una predisposición genética a la ansiedad. Esto quiere decir que han heredado una tendencia a la ansiedad de parte de varios miembros de la familia y por ello son vulnerables a desarrollar trastornos de este tipo.

Frecuentemente, este comportamiento se muestra ante la dificultad para separarse de sus padres, o debido a un comportamiento muy dependientes, extrema timidez, inflexibilidad, problemas de sueño, mal humo,…

El miedo persistente a comunicarse empieza a manifestarse a través de síntomas como la falta de expresión en el semblante, quedarse paralizado, falta de reacciones, mantener una postura rígida, escasa sonrisa…

Al evitar la utilización del lenguaje oral, el niño/a puede desarrollar otras formas de comunicación alternativa, utilizando gestos o movimientos de cabeza, cuchicheando al oído, empujando o apuntando para pedir algo. Si son mayores, suelen comunicarse mediante el lenguaje escrito.

Diagnóstico

Un niño con mutismo selectivo debe ser visto por un especialista en patologías del lenguaje. Estos profesionales trabajarán en equipo con maestros, familia y el niño.

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